Q’um’arkaj en la historia oral, mítica y simbólica del Pueblo K’iche’

Q’um’arkaj en la historia oral, mítica y simbólica del Pueblo K’iche’

 La población K’iche’ contemporánea, descendiente directa de la gente K’iche’ del Período Postclásico Tardío (900-1500 d.C.) a la cual el invasor Pedro de Alvarado encontró en 1524, en el actual Altiplano Occidental de país, ha mantenido a lo largo de 500 años, procesos de resistencia y de conservación sobre sus prácticas y cotidianidades, lo que les permite ser en la actualidad uno de los pueblos en donde más elementos de cultura viva se encuentran, mismos que tienen su origen de la Época Prehispánica, y que sobrevivieron durante la época colonial.

Para el caso de la población K’iche’, existen varios elemento tangibles e intangibles en donde descansa su identidad y su cosmovisión. Entre estos elementos se encuentran los apellidos, ya que todos provienen de elementos de la naturaleza y del entorno inmediato del sitio de Q’um’arkaj, así como del calendario Ch’olq’ij.  En el caso de los apellidos basados en el calendario[1], se maneja la idea en que de acuerdo al día que una persona nace, ésta tendrá y se caracterizará por las cualidades, aptitudes y destrezas del patrón o nahual del día. En esta narrativa es oportuno mencionar que dentro de la tradición oral y mítica, algunas personas ancianas comentan, que algunas personas llegan a desarrollar la capacidad de convertirse en el animal que representa a su nahual.

Otro elemento sumamente importante es la siembra, cosecha y uso del maíz. Ya que la población que actualmente vive en cercanías del sitio de Q’um’arkaj, es eminentemente agrícola, práctica que está íntimamente ligado al territorio y posesión de la tierra. Para las comunidades k’iche’s, la siembra del maíz ocupa un lugar central dentro de sus actividades y forma de vida. En primer lugar porque es la base de su alimentación, y segundo, porque está fundada en una herencia ininterrumpida de más de cinco mil años para el área Maya. De hecho, el surgimiento de Mesoamérica y el desarrollo de las grandes culturas que coexistieron en ella, tanto en Tierras Bajas como en Tierras Altas, así como desde el período Preclásico hasta el Postclásico, están ligados a la domesticación y surgimiento de la agricultura del maíz.

Dentro de la cosmovisión Maya y del pueblo K’iche’, las variantes del color del maíz (Figuras 1 y 2), están estrechamente relacionados con los puntos cardinales y con los ciclos inherentes de la vida humana (nacer, crecer, reproducirse y morir), ya que el maíz se siembra como semilla, nace en forma de milpa, se reproduce bridando mazorcas y muere al cosecharla. Esta fue tan solo una razón del porque en el devenir histórico de la civilización Maya, el mito del dios del maíz se mantuvo y se plasmó en una amplia variedad de representaciones, una de las más famosas es la del dios del maíz, que renace de la caparazón de una tortuga, especie relacionado con la tierra y la fertilidad (Figura 3).

Dentro del mito de la creación del pueblo K’iche’, que se encuentra dentro de Popol Wuj, el hombre proviene del maíz, luego de haber tenido dos intentos fallidos en su creación, siendo el primero de barro y el segundo de madera. Tal narración mítica, solo acentúa la importancia que tiene el maíz para la historia de este pueblo y para la conservación de la madre tierra, ya que el maíz es un producto de ésta, por lo tanto, el hombre como especie humana, también deriva de ella.

Esta riqueza cultural y cosmogónica hacen del pueblo K’iche’, uno de los más importantes del Altiplano Occidental de Guatemala. Pueblo que manifiesta su cosmovisión a través de múltiples expresiones, entre ellas el agradecimiento al creador y formador, a la madre tierra, etcétera; todo ello mediante ceremonias y ofrendas, principalmente en el sitio histórico y arqueológico de Q’um’arkaj (Figuras 4 y 5). Con dichas acciones, al referirse entonces a Q’um’arkaj, es tratar con un sitio sagrado y vivo, en donde se llevan a cabo prácticas que brindan un acercamiento único y directo a la identidad y conservación de una herencia milenaria.

En la actualidad, la población cercana al sitio de Q’um’arkaj consume el maíz en diferentes formas, entre ellas en atol de masa de maíz, en tamalitos y tortillas de maíz (Figuras 6 y 7). Dichas prácticas y variedad en su consumo, forman parte fundamental en la gastronomía de la región, reafirmando con ello, la continuidad del uso de este grano por parte de la población indígena, descendiente de la cultura Maya milenaria.

 

Figuras 6 y 7.   Fotografías sobre tortillas de colores elaboradas por la población K’iche’ contemporáneo. Tomada de Luis Figueroa, CAPRE DIEM.

Un elemento más por el cual destaca el sitio de Q’um’arkaj, lo constituyen las cuevas, un rasgo característico de las ciudades mayas no solo del período Postclásico en las Tierras Altas, sino más bien siguiendo un patrón con una larga y antigua tradición de las grandes ciudades de las Tierras Bajas quienes desarrollaron cuevas naturales o artificiales a las orillas de estas ciudades. Los motivos obedecen a una concepción mítico-religiosa propia de la Cultura Maya.

En el caso de las ciudades del Altiplano, uno de sus posibles objetivos, fue representar el lugar mítico de donde según los documentos etnohistóricos, tienen su origen varios de estos pueblos, el mítico “Chicomóztoc” lugar de las siete cuevas (Areti Hers, 2002). Demasiada fue la importancia que los k’iche’s prehispánicos brindaron a este aspecto, que el sitio contó con un total de seis cuevas (Figura 8), mostrando con ello, lo importante que resultó ser el inframundo o xibalbá dentro de la cosmovisión K’iche’.

 

Figuras 8.       Vista interior de la cueva 1 del sitio, esta tiene una longitud de 68 metros de largo, conectando en línea recta con el templo Tojil. Tomada de www.wikipedia.org/wiki/Q’umarkaj

La importancia de recuperar y reivindicar la historia del pueblo K’iche’ a través del sitio de Q’um’arkaj, resulta fundamental dentro de la iniciativa de conservación del patrimonio cultural, siendo este sitio sumamente emblemático por el hecho de que en esta ciudad suscitaron hechos que marcaron, reconfiguraron y cambiaron las relaciones de poder de la población, luego de la llegada de los españoles. Un ejemplo de ello sería, que en esta ciudad de Q’um’arkaj o Utatlán, nació la primera mestiza en el territorio, siendo doña Leonor Alvarado de Xicotencatl, hija de Pedro de Alvarado y de la princesa tlaxcalteca Luisa de Xicotencatl, quien nació hace 493 años en el sitio de Q’um’arkaj.

[1] Por ejemplo Batz, que literalmente quiere decir mono, y que corresponde al primer día del calendario Ch’olq’ij . Otro ejemplo sería Tziquín, que significa pájaro y corresponde al quinto día del mismo calendario.

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